En los últimos años nos estamos encontrando con un incremento del denominado mobbing ascendente. Se trata de un tipo de acoso laboral que se da cuando un directivo se incorpora a su nuevo puesto de trabajo y tiene a su cargo a un grupo de subordinados, que no aceptan la nueva entrada y por lo tanto no reconocen su autoridad. La profesora Beatriz Pereira, lo describe como “un fenómeno social multicausal y de alta complejidad, en el que intervienen básicamente cuatro elementos: la víctima o víctimas; el acosador o acosadores; la interacción o relación causal entre ellos; y, por último, el contexto social y organizacional”.

Es, por tanto, una llamada colectiva al acoso de un mando intermedio o directivo, al que se ha decidido apartar de su puesto ya sea por molesto, por tener mucha antigüedad y no poder hacer frente a la indemnización, por estar enfrentado con los representantes de los trabajadores, por introducir nuevas técnicas de trabajo o por ser un puesto ansiado por los colaboradores, entre otras muchas. Normalmente se presenta en un perfil de mando intermedio, exigente, cumplidor y profesional, encuadrado en una organización donde precisamente tener esas características no está bien visto.

El mando intermedio termina siendo acosado en una especie de “bocadillo” o “sándwich”, entre los acosadores y la organización empresarial que no hace nada por impedir o frenar esta situación. En muchas ocasiones las instrucciones específicas proceden de personas de nivel jerárquico inferior a la víctima, pero que actúan prevaliéndose de un cierto poder formal o informal con el que pueden intentar eliminar, mover o trasladar a un mando al que consideran amenazante, por diferentes razones.

Del mismo modo que a veces se hostiga a un trabajador al que se considera reivindicativo o simplemente amenazante por querer hacer las cosas de modo correcto y eficaz, también se acosa ascendentemente a un mando al que se quiere mover, deslegitimar, pues su buen hacer, su carácter exigente, o su independencia de criterio resulta un estorbo y se percibe como una amenaza para ciertas situaciones o privilegios de algunos trabajadores.

Iñaki Piñuel Zabala, referente en el mundo del mobbing o acoso laboral, mantiene que este tipo de acoso se da cuando un funcionario que ostenta un cargo superior dentro de la organización genera resistencia de parte de los subordinados. Esto puede desencadenarse cuando una persona se incorpora a la empresa con un puesto de responsabilidad, y sus métodos de trabajo no son compartidos por los empleados más antiguos. También se registra cuando los subordinados sienten que ese cargo debió ser ocupado por uno de ellos y no por alguien de afuera. Asimismo se observa cuando un trabajador es ascendido a un puesto de responsabilidad mayor y sus antiguos compañeros no están de acuerdo con la elección.

Algunos de los comportamientos propios del mobbing ascendente son:

– El aislamiento social
– La evaluación negativa de su trabajo creando sensación de inutilidad
– Ataques contra su vida íntima o personal.

Finalmente, este tipo de acoso tiene grandes repercusiones en la empresa, pues genera un ambiente de trabajo hostil, elimina el compañerismo y el trabajo en equipo, además de evitar un mayor compromiso de los trabajadores en la empresa y todo ello supone a largo plazo una debilitación de la estructura organizativa de la empresa.