Habitualmente se suele asociar la enfermedad con un mal que afecta a nivel físico y de forma visible al cuerpo. Sin embargo, la mente juega un papel fundamental en el bienestar de una persona y puede verse dañada por algún tipo de trastorno que condicione su salud y estabilidad. De hecho, según la Organización Mundial de la Salud, 450 millones de personas en todo el mundo padecen algún tipo de enfermedad mental; de las cuales cerca de 300 millones se ven afectadas directamente por la depresión. 

Este organismo define la depresión como “el trastorno mental frecuente, que se caracteriza por la presencia de tristeza, pérdida de interés o placer, sentimientos de culpa o falta de autoestima, trastornos del sueño o del apetito, sensación de cansancio y falta de concentración”Y en función de sus características, puede acabar convirtiéndose en crónica, impidiendo que la persona enferma pueda desempeñar sus obligaciones y tareas cotidianas, e incluso abocar al suicidio en los casos más graves que no son tratados adecuadamente.  

Hoy en día su incidencia es tan importante que está considerada como una de las tres principales causas de discapacidad en el mundo. De hecho, en 2015 más de 2,4 millones de españoles sufrieron depresión, lo que supone el 5,2 % de la población total. Unas cifras que, según el estudio “El abordaje de la depresión en el ámbito del trabajo”, publicado en la revista médica Psiquiatría Biológicale suponen al Estado una inversión superior al 1 % de su PIB para cubrir las bajas y los tratamientos derivados. 

“La baja por depresión se concede cuando un doctor constata que el trabajador está imposibilitado temporalmente por motivos psicológicos para desempeñar correctamente su trabajo” 

¿Cómo solicitar la baja por depresión?

Ante todo, hay que saber que la baja por depresión se concede cuando un doctor constata que el trabajador está imposibilitado temporalmente por motivos psicológicos para desempeñar correctamente su trabajo. Y la misma puede ser personal (por cualquier aspecto relacionado con el ámbito privado) o laboral (relacionada con el trabajo que se desempeña).  

Además, en función de su origen y causas, será más apropiado que la otorgue un médico de cabecera o uno de la Mutua contratada. Habitualmente, cuando la depresión se deriva del ámbito personal, es el doctor de cabecera de la Seguridad Social el encargado de darla y en este caso se cataloga como de “contingencias comunes”. Y si las causas tienen su origen en el desempeño laboral, el médico de la Mutua de la empresa deberá ser que decida si aprueba la baja “por accidente laboral”.  

Sin embargo, no es sencillo que la Mutua dé el visto bueno a este tipo de bajas, lo que seguramente obligue al paciente a gestionarla con su médico de cabecera y como una “contingencia común”; o incluso si lo prefiere, a través de un contencioso judicial para que, a través de los informes médicos, se le reconozca como “accidente laboral”.  

En todo caso, para solicitarla hay que cumplir con un requisito fundamental: estar dado de alta en la Seguridad Social, así como estar al corriente de pago de sus cuotas si el afectado cotiza como autónomo. Y si se trata de una contingencia común, también es necesario que el paciente haya cotizado al menos 180 días en los 5 años anteriores.  

Duración máxima de la baja por depresión 

Habitualmente los tratamientos por depresión son lentos y necesitan de tiempo para surtir efecto. Por eso, como incapacidad temporal, este tipo de baja tiene una duración máxima de un año; si bien una vez cumplido el período inicial es el propio doctor el que puede ampliarla por otros seis meses más. Para ello, debe considerar que en este tiempo hay altas probabilidades de que el paciente termine por curarse totalmente.  

A lo largo de este período, será este doctor el que regularmente realice un informe de control de la baja, justificando la necesidad de mantener activa la misma. Y una vez que se haya cumplido un año y medio (18 meses) desde la baja, deberá ser un tribunal médico el que valore a la persona diagnosticada. 

Así, de que el peritaje compruebe que la depresión tiene carácter crónico y recurrente, se concederá al paciente la Incapacidad Permanente. Bien la “Total” (por desempeñar profesiones de riesgo para terceros o de gran exigencia), la “Absoluta” (la más habitual) o la “Gran Invalidez” (en la cual la persona requiere de la supervisión de otra). 

¿Cuánto se cobra durante la vigencia de la baja por depresión? 

En primer lugar, cabe destacar que el dinero que se percibe es el mismo que en el caso de otras enfermedades. Así, la diferencia está en la procedencia de la prestación, ya que habrá variaciones en función de si es la Seguridad Social o la Mutua la que ha concedido la baja.  

En el caso de ser una depresión por contingencia común, durante los tres primeros días de baja no se cobra. Posteriormente, entre el 4º y el 20º se percibe el 60 % de la prestación total; y a partir del 21º día la cantidad se eleva hasta el 75 % de la base de cotización.  

Y en el caso de tratarse de una depresión laboral, se cobra el 75 % del total de la base de cotización desde el día siguiente a la concesión de la baja; si bien las cantidades pueden verse mejoradas en función del convenio colectivo existente.  

La depresión, un problema que hay que atajar 

Habitualmente no se le otorga a la depresión la importancia que tiene. Al ser un trastorno mental no es tan fácil de diagnosticar, pero los hechos y los datos ya la colocan como uno de los grandes problemas de la Sanidad pública. Por eso, se hace necesario entenderla como lo que es, una enfermedad, para poder asumir que puede ser una causa de incapacidad laboral y que precisa de tiempo y un tratamiento médico para poder curarse. 

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